Si El Resultado Es Unidad, ¡Cantemos Un Himno De Alabanza!
Catorce personas desfilaron hacia el salón del viejo hotel. Procedían de ocho ministerios diferentes. Todos estaban enfocados en alcanzar tres países cercanos con una población total de sesenta millones. Durante siglos no había existido una sola iglesia, y en ese momento la iglesia actual era muy pequeña y tenía problemas.
Un facilitador neutro visualizó una posible cooperación, y por meses mantuvo pláticas privadas con los líderes. Aunque les llevó tiempo, los varios líderes acordaron reunirse durante cuatro días para discutir ampliamente una pregunta: “¿Hay algo que podamos hacer unidos en lugar de seguir trabajando solos para alcanzar cientos de miles?”
Por décadas los misioneros habían trabajado fielmente. Sólo unos cuantos valientes creyentes nacionales se reunían en pequeñas iglesias en los hogares. Pero, la pregunta que los líderes estaban considerando en oración, claramente era un sueño humanamente imposible. Era un sueño de la estatura de Dios y más allá de cualquier ministerio solo.
Se volcaron a trabajar, orar y discutir por tres días que parecían interminables, casi siempre hasta muy tarde por la noche. Finalmente, el grupo identificó unos veinte asuntos clave para realizar tal incursión. Cada uno de esos temas estaba fuera del alcance de cualquier ministerio. Como sabían que no podían lograrlo todo de una sola vez, acordaron que para los primeros doce meses se centrarían en un objetivo vital. La visión, aunque enorme, ahora parecía posible a través de un primer paso estratégico y factible. Había nacido el compromiso de trabajar juntos como alianza.
El gozo de llegar a este primer momento clave del éxito, los hizo prorrumpir en un himno de alabanza. Una gran visión dio luz a una alianza que ha perdurado hasta el día de hoy. Es una alianza que ahora, años más tarde, vislumbra grandes avances coherentes con el sueño imposible del inicio. ¡Dios bendice cuando su pueblo convive en armonía!
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