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Evangelismo y discipulado es un proceso no un acontecimiento.



Jesús, en Mateo 13, introduce la imagen del agricultor, del que siembra. Es una parábola acerca del proceso de sembrar semillas y las clases de “tierra” (corazones) en las cuales caen. Pero, en Juan 4:34-38, en otro pasaje acerca de la cosecha, Jesús cambia la metáfora como una forma para entender nuestras funciones estratégicas al trabajar juntos—bajo su dirección. Resume cómo él y el Espíritu Santo, trabajan en las vidas individuales: unos siembran, otros riegan y otros cosechan. Cada uno hace la obra de Dios. Cada uno es importante. Y, un día frente a su trono, ¡se regocijarán juntos!

Jesús señaló los principios del cambio espiritual; luego, otros en otras secciones de las Escrituras, disertaron sobre los mismos—particularmente el apóstol Pablo.

En la parte inferior de nuestra gráfica se encuentran las primeras etapas—la preparación del terreno y la siembra. Sigue hacia arriba el riego, y más adelante están las etapas de cosecha y discipulado. Quizás creas que el diagrama es demasiado simple. Pero, para algunos el trayecto puede ser complejo y muy largo. Estos elementos clave siempre están presentes si buscamos influenciar cualquier audiencia con el amor y el poder de Jesucristo. Se pueden proponer subconjuntos, y añadir luego un refinamiento de los elementos. Pero al final, tomar consciencia de manera estratégica de estos elementos básicos es un gran reto, y a menudo una disciplina ignorada.

En el proceso, las alianzas eficaces vinculan a unos con otros—cada uno haciendo uso de nuestros dones, siendo fieles y celebrando el gozo de ser parte del plan de Dios.

Claro está que la revelación general (Romanos 1:9-20), continúa en todo el proceso—si la persona tiene ojos para ver y un corazón para entender. Todos los esfuerzos que hacemos para compartir el amor y la naturaleza de Cristo deben tomar ventaja de, o edificarse sobre las revelaciones poderosas y evidentes que Dios hace de él mismo cada día, como cuando hace salir el sol sobre el horizonte.

Por otro lado, la iglesia normalmente prefiere invertir sus recursos en las actividades que aparecen a partir de la mitad del diagrama hacia la mitad de la parte superior. ¿Por qué? Porque es allí donde:

1. se pueden ver los “resultados” y

2. las personas ya cristianas pueden crecer en Cristo, tener compañerismo y “gozar” de las bendiciones de la familia cristiana.

La otra mitad inferior del diagrama es donde las cosas se ponen difíciles, muchas veces con pocos resultados visibles.

En otras gráficas que explicaremos en otros artículos, veremos cómo éstas ayudan a desarrollar la idea del cambio espiritual como un proceso. También ilustran, cómo las alianzas eficaces están idealmente capacitadas para facultar esta clase de proceso, llevando a cabo el mayor impacto en el periodo más corto.

Pero, antes veamos una vez más, la metáfora del sembrador del Nuevo Testamento:

El apóstol Pablo lleva esta parábola del sembrador a otro nivel. En la iglesia de Corinto, enfrentó diferentes grupos que estaban a favor de uno u otro predicador, o maestro. He aquí la respuesta de Pablo:

“Cuando uno afirma: "Yo sigo a Pablo", y otro: "Yo sigo a Apolos", ¿no es porque están actuando con criterios humanos? Después de todo, ¿qué es Apolos? ¿Y qué es Pablo? Nada más que servidores por medio de los cuales ustedes llegaron a creer, según lo que el Señor le asignó a cada uno. Yo sembré, Apolos regó, pero Dios ha dado el crecimiento. Así que no cuenta ni el que siembra ni el que riega, sino sólo Dios, quien es el que hace crecer. El que siembra y el que riega están al mismo nivel, aunque cada uno será recompensado según su propio trabajo. En efecto, nosotros somos colaboradores al servicio de Dios; y ustedes son el campo de cultivo de Dios, son el edificio de Dios”. 1 Corintios 3:4-9

Fuertes estas palabras, pero de este pasaje se pueden observar varias cosas.

La madre que ora por sus hijos cuando lava los platos, el maestro bueno que actúa y habla como Cristo en la clase, y la persona que tomando café o desde una plataforma en un estadio, “pide que se tome una decisión”, todos son importantes. Cada uno de ellos es parte del plan de Dios de evangelización y salvación. Todos deben ser felicitados y exhortados por llevar a cabo con fidelidad las funciones que Dios les dio. Y, la mejor noticia, ¡todos se gozarán juntos en la cosecha! 

Mas, esta extraordinaria frase es especialmente asombrosa y tranquilizadora al mismo tiempo: “El que siembra y el que riega están al mismo nivel, aunque cada uno será recompensado según su propio trabajo” (3.8).

El punto clave es la fidelidad. ¿Estamos haciendo todo de nuestra parte, en el poder del Espíritu, para que nuestros recursos y dones sean usados de la mejor manera en su obra? 

De Romanos 12, 1 Corintios 12 y Efesios 4, sabemos que el Espíritu Santo ha distribuido una sorprendente gama de dones entre el pueblo de Dios. El apóstol Pablo se refiere a sí mismo, a Apolos y a Dios, como socios que usan los dones que el Espíritu Santo les ha otorgado, a fin de ver la plena manifestación de Jesús en la vida de cada creyente de Corinto. 

Las alianzas eficaces del pueblo de Dios, ya sea en tu vecindario o en alguna estrategia internacional que sea técnicamente compleja, nos facultan a unir las manos, a reconocer las funciones de cada uno, a planificar para la siembra, riego, cosecha y discipulado, y a controlar de manera activa qué tan bien trabajan juntos los diversos elementos.

El cambio espiritual es un proceso. Con frecuencia, diferentes personas con diferentes dones, a menudo en diferentes momentos, participan en este proceso. Es el diseño de Dios. Las alianzas eficaces integran las piezas para abordar el reto completo. Reconocen las distintas etapas en las que los miembros de la audiencia se encuentran en su peregrinaje espiritual, ayudan a identificar los dones disponibles, idean maneras en que los elementos puedan vincularse, animan a todos a ser parte de un progreso controlado y comparten las buenas nuevas del avance espiritual.

Para concluir, una nota importante, decisiva y final. No es suficiente por sí misma, la ejecución coordinada de una alianza o si se basa en una planificación y estrategia brillantes. Para que las alianzas sean eficaces y saludables, es necesario gran cantidad de energía, compromiso, trabajo de calidad y tenacidad. Pero, cientos de veces debemos recordar que esa clase de esfuerzo no es suficiente.

“Sin la oración y la obra del Espíritu Santo, todos esos esfuerzos se escurren de nuestras manos o no son más que ‘un metal que resuena o un platillo que hace ruido’” (1 Corintios 13:1, traducción libre de la Biblia en inglés, Good News Translation). 

Cuando Jesús afrontó grandes retos pasaba noches enteras en oración. Habló y actuó según oyó al Padre hablar y actuar (Juan 5:17-47). Y recordó a sus discípulos que si trataban de representarlo y fracasaban era porque los mayores desafíos sólo podían tratarse con oración y ayuno (Mateo 17:14-21, Marcos 9:29).

Debemos ejercer mucha disciplina, ser convincentes, mostrar gran compasión, desarrollar y llevar a cabo la estrategia más duradera para una alianza eficaz. Pero, el cambio espiritual que convence a la persona a salir de la oscuridad a la luz, y perdona todos sus pecados es el dominio absoluto del Espíritu Santo. Todo lo demás es pura manipulación, no una transformación espiritual.

“Él nos salvó, no por nuestras propias obras de justicia sino por su misericordia. Nos salvó mediante el lavamiento de la regeneración y de la renovación por el Espíritu Santo, el cual fue derramado abundantemente sobre nosotros por medio de Jesucristo nuestro Salvador. Así lo hizo para que, justificados por su gracia, llegáramos a ser herederos que abrigan la esperanza de recibir la vida eterna. Este mensaje es digno de confianza…” (Tito 3:5-8a).

Nuestras alianzas únicamente tendrán significado eterno y duradero, si están arraigadas en oración y en el reconocimiento de que todo nuestro trabajo y planificación solamente pueden ser posible por la obra del Espíritu Santo, tanto en nuestras vidas como en las vidas de aquellos que buscamos alcanzar y servir.

Agreguemos otra dimensión a esta gráfica. Esta dimensión es clara en las Escrituras, imprescindible para entender que el cambio espiritual es un proceso y esencial para unas alianzas eficaces.

Lleva a cabo una muestra al azar de la audiencia que deseas alcanzar o servir para Cristo. Ya sea un grupo de estudiantes de las universidades de tu área, o un grupo tribal remoto, el cambio que tienes en mente seguramente que involucra una peregrinación o proceso en el pensamiento de la audiencia. El trabajo y oración que tú y tus colegas emprendan están dirigidos a ayudar a que la audiencia cambie su actitud, estilo de vida, creencia o acción.

Si verificas las actitudes que tu audiencia muestra hacia las ideas básicas que les proponen, casi siempre encontrarás tres categorías definidas de respuestas:

• El resistente o antagonista. Son los que más se oponen a tus ideas. Aunque la posición negativa de la persona surge de una convicción genuina son los que más han invertido en su manera actual de vivir o pensar. Si ocurre un cambio son los que más tienen que perder: poder, prestigio, seguridad o privilegios. Ten en cuenta que, con frecuencia, estas personas esconden sus verdaderas actitudes, y responden con mensajes afirmativos que son falsos y condescendientes. Recuerda a los fariseos y líderes judíos de la época de Jesús.

• El indiferente. Probablemente sean la mayoría de la audiencia. Junto a otros, simplemente “están de acuerdo” con la creencia o estilo de vida porque su familia o su grupo siempre lo ha estado. Quizás la vida no ha sido fácil o no ha sido todo lo que querían. Algunos dirán que no les ha ido tan mal. Pero, en cualquier caso no ven la razón para “meterse en problemas”. Además, las posibilidades de un verdadero cambio son remotas. ¿Quién quiere correr el riesgo para tratar de cambiar? Ya saben cómo funciona el sistema, y aunque se quejen de algunas cosas, no están lo suficientemente motivados para arriesgar el cambio. Recuerda a los que escucharon a Jesús en la sinagoga, en la playa o en las colinas. Para algunos quizá era interesante, talvez fascinante y hasta convincente, pero sin un sentimiento de determinación, nunca dieron ese paso de fe para seguirlo—ese paso de fe hacia un nuevo mundo.

• Buscadores. Estos son los individuos que están descontentos, posiblemente grupos pequeños dentro de uno mayor. El estilo de vida, las creencias, el “sistema” de pensamiento y forma de vivir que los rodea no ha satisfecho sus necesidades. Necesidades que son tanto físicas, emocionales o sicológicas, u otros motivadores poderosos y genuinos. Con frecuencia, estas personas son los que menos arriesgan al probar algo nuevo. A menudo, su necesidad les da un sentimiento de urgencia a su búsqueda. En pocas palabras, están listos, si no ansiosos de escuchar otras opciones. En el mejor de los casos, buscan un cambio de manera enérgica. Recuerda a Nicodemo, a la mujer sirofenicia, al leproso en Marcos 1, al ladrón en la cruz que creyó, y a un par de decenas más como ellos que se mencionan en los cuatro evangelios.

• Creyentes. Por su puesto, existen personas que posiblemente en secreto ya han tomado una decisión para seguir el nuevo patrón de pensamiento o forma de vida. En algunos casos ya han expresado su decisión y siguen adelante, y se asocian con un grupo de personas que sostienen las mismas creencias o viven un estilo de vida diferente. Recuerda a los doce, a los setenta, aquellos que conformaban la nueva iglesia en Jerusalén, Antioquia y finalmente, alrededor de la costa del Mediterráneo.

Ahora, veamos la misma gráfica y cómo las cuatro categorías de personas normalmente se alinean con el proceso espiritual.

Con los antagonistas y los resistentes, se tiene que “preparar el terreno” con mucha paciencia. Con los indiferentes, hay que “sembrar” y “regar” pacientemente. Con los buscadores, existe la oportunidad de “cosechar”—ayudarlos a tomar la decisión para cambiar. Y con los creyentes, existe la gozosa posibilidad de ayudarlos a crecer en su nueva vida de fe en Cristo.


En cualquier momento, la gente se encuentra en diferentes etapas en su viaje de cambio de vida espiritual. A menudo, las alianzas eficaces se dirigen a más de un segmento de la audiencia, al mismo tiempo. El resultado:

• Se hace necesario enfocar alguna parte de nuestra estrategia hacia los antagonistas y los resistentes, mientras que al mismo tiempo, se hace lugar para retar a los buscadores a actuar, y discipular aquellos que se han convertido.
• Se empieza a ver con mayor claridad que en la alianza todas las funciones son importantes.
• Al vincular el trabajo de personas o ministerios diferentes para tratar estos segmentos de la audiencia, no sólo hace sentido, sino que realmente expande nuestra capacidad en el ministerio.
• Es necesario tener en cuenta la gran visión o los objetivos a largo alcance de la alianza, al mismo tiempo que tratamos y vemos avances en los pasos vitales e intermedios.

Tú y tus colegas en la alianza:

• Quizás estén tratando de lograr una reforma con valores del Reino en las prisiones y vidas de los ex-delincuentes. 

• Quizás tengan una visión de proveer tutores cristianos para cada niño con deficiencias académicas en su distrito escolar.

• Quizás tengan una visión de coordinar toda la literatura de evangelismo y discipulado que se produce para un grupo lingüístico internacional importante, con solamente unos cuantos creyentes.

Piensa en eso. En cada uno de estos casos enfrentarás a gente antagonista y resistente, a muchos indiferentes, a algunos que activamente buscan un cambio y a otros que ya están convencidos. Con algunos habrá la necesidad de preparar a fondo el terreno. Con otros necesitarás sembrar o regar las ideas. Otros, quizá estén listos para la cosecha. Quizá, hay algunos que realmente necesiten ser discipulados o animados. Si como alianza toman en cuenta estos factores, jugará un papel importante para realizar tu visión y generar una sensación de cumplimiento entre tus socios.

Recuerda siempre según tu experiencia e intuición: Las circunstancias en las vidas de las personas no son estáticas—están cambiando constantemente. Algunas veces los cambios son menores, otras, son catastróficos. 

• A pesar de una gran necesidad, talvez la gente nunca abra su corazón al cambio.

• Algunas personas comienzan su peregrinaje espiritual lentamente, y sólo después de muchos años de consideración, llegan a la fe o al compromiso con la nueva creencia o estilo de vida.

• También es posible que las circunstancias produzcan un cambio de la noche a la mañana, que de antagonistas pasen a ser buscadores.
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